16.6.22

Juventud, divino, tesoro



(Lisa no está en ogt, tiene un short. Y si, el desorden del living estaba realmente cuando saqué la foto)

Hace unas semanas lo dije (en realidad lo escribí en Twitter, a modo de respuesta) y fue como hacerlo en voz alta "yo ya estoy de vuelta, ya no tengo empatía por las madres primerizas y postpárticas".

En realidad no es tan así, pero mis vecinos con sus hijitos sin límites agotaron todos los cartuchos que me quedaban.

Y mis hijos están grandes. (Escribo esto en 1ra persona pero pienso que Jacko está de acuerdo en un 90% ... él no mira Stranger Things y no creo que haya leído el Nunca Más)

Prácticamente podría irme de viaje unos días y ellos se las arreglarian solos sin problemas.

Ya se levantan a la hora que el cuerpo les pide, desayunan a la hora que el hambre les avisa y se bañan cuando yo se los recuerdo. 

Casi no nos acompañan a ningún lado, sin interés u obligación de por medio. Tienen agendas ocupadas, donde nosotros solo contamos para la parte logística.

Se las arreglan solos para el tema del estudio, nuestro rol en esta etapa es para amortiguar el estrés, buscar un osteópata de urgencia para descontracturar nervios, prever comida en la heladera y si llegara a necesitarse, tomar lecciones, explicar contenidos, corregir deberes de español o firmar alguna nota de último momento (si es que aún no nos falsificaron la firma 😉 yo también tuve 14 y 17)

Una vez leí que tener hijos es como tener siempre una hornalla encendida. Yo agrego que el hecho de que esos hijos sean  adolescentes significa que esa hornalla funcione conectada a una precaria garrafa a medio llenar. 

La inestabilidad psicológica a la que estos mini sujetos se enfrentan (más en período de cierre de exámenes, actividades, futuros trabajos, posibles opciones escolares, relaciones con sus coetáneos) hace que los fundamentos que los sostienen empiecen a temblar, a dolerles, a hacerles dudar de la capacidad de aguante; y nosotros, simples mapadres mortales, nos ponemos en "el chino de los platos" mood para atajarles todas las posibles desavenencias que puedan llegar a aparecer (¡y no siempre lo logramos!)

Porque, en nuestro caso, que elegimos tenerlos, ahora llega el momento de acompañarlos, de asegurarles una mano en este nuevo camino, el instante, en que si se sienten solos, sepan que igual estamos con ellos. Esa confianza que supimos empezar a crear y construir cuando eran chicos, hace que en los momentos difíciles puedan recurrir a nosotros, sabiendo que posiblemente no estemos de acuerdo, que tal vez no podamos solucionar lo que les pasa pero si simplemente estar con ellos, abrazarlos, hacerles algo dulce cuando les pinta bajón, organizar una cena con la familia de la mejor amiga y prometer mucho alcohol, llevarlos a dar una vuelta, sacarlos a tomar aire, prepararles el baño para que se relajen, enviar mails en modo "mamá luchona", justificar lo injustificable con tal de que, por un rato, se sientan mejor.

A veces pasa que, además de sus temas, apechugan con cosas ajenas, entonces nosotros nos encontramos haciéndo de psicóloga a tu hija pero también a la amiga, te ponés a buscar grupos que acompañen a adolescentes hijos de matrimonios mixtos, preguntás por todos lados si conocen profesores particulares de física, cocinas pasta con vodka, pasas a buscar niños en la otra punta para llevarlos al entrenamiento, te juntas con otros mapadres y preguntas si está todo bien, compartís el teléfono de tu ginecóloga, salís a medianoche a llevar/buscar adolescentes por ahí.

Cuando Lisa estaba por terminar la primaria y empezar la secundaria, Jacko fue a una charla,en la cual explicarían el sistema de inscripción escolar, pero quien la dió se terminó yendo por otros rumbos y dijo cosas que hasta el día de hoy nos marcaron a fuego: dejan de ser considerados niños para pasar a ser adolescentes, el cuerpo empieza a presentar batallas que tal vez antes no suscitaban alguna importancia, las hormonas siempre trastocan todo, los mapadres dejamos de ser cool para ser una vergüenza, el estudio empieza a ser más exigente, las responsabilidades más pesadas, la visión del futuro más cercana... y ahí es cuando esta gente necesita un plus, un extra para seguir adelante de la mejor manera que se pueda. 

Tengo la suerte (realmente me siento muy muy afortunada) de estar rodeada de gente que es muy buena consejera, muy buena oyente, el mejor apoyo, la compañía perfecta para un llorito de madre. Los padres de la mejor amiga de Lisa, mis consuegros, los amigos de siempre, mis amigas acá y allá, las virtuales de los tiempos del blog, las nuevas en situación parecida. 

Son caminos difíciles (pero no intransitables) y es importante tener y brindar el apoyo suficiente para poder abordar el campo minado que significa la adolescencia.

Salvando las distancias, desde hace muchísimos años, siempre ronda en mi cabeza el prólogo al capítulo "Adolescentes" del Nunca Más y es que al final ... nada está librado al azahar.

Hace unos días terminaba de ver la temporada 4 de Stranger things y Hooper, hablando de Eleven, dijo algo que me fue necesario guardar "debemos estar programados para rechazar a nuestros padres, para poder crecer y avanzar, convertirnos en algo propio (en quienes somos) y yo espero que esté haciendo eso, encontrándose a ella misma"... todo lo queremos los mapadres! 

¿Tienen hijes adolescentes en casa? ¿Que sentimientos les genera? ¿Cómo lo llevan? 


6 comentarios :

  1. Hermoso post, Pau. Gracias. Y qué lindo compartir virtualmente esta aventura. Mi hijo mayor tiene la edad de tu hijo menor, y mi menor tiene 8 añitos, o sea, que todavía estoy en el grupo de mapadres con niños (a veces) caprichosos y sin límites, y todavía no siento esa rara libertad de la que hablás vos. Pero Fede, que cumple 11 en julio, presiento que me hará vivir una experiencia mucho más intensa de la que estoy transitando con Emi, que, presiento, es especial porque está muy muy metido en su deporte. Duele que crezcan, a veces duele verlos adolecer, pero qué aventura maravillosa. Beso enorme y gracias por compartir ❤️

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  2. Hola Paula, mi hija empieza el último año de secundaria en Septiembre. Acompaño como vos, como puedo jaja. Muy similar a lo tuyo. Gracias, hermoso post. Sandra desde Dublin.

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  3. Pau! Vas a años luz de lo que estoy viviendo en este momento, yo soy esa mamá primeriza que trata de poner límites pero que aún no lo logra, que se hunde en un vaso de agua por la incertidumbre de encontrar jardín y que sea el principio de una buena educación para su vida.

    Pero la vida es un suspiro, porque alcanzo a recordar a tus chiquis pequeñitos! Y ya tienen 14 y 17! Me gusta tu visión de la adolescencia y como encontraste tu lugar en medio de ese montón de cambios y retos, me mató la carta que le escribiste a Lisa hace unas semanas, no había visto eso jamás para alentar a una adolescente. Eres una mamá especial.

    Dicen que niños pequeños problemas pequeños y niños grandes problemas más grandes. Están a nada de ser adultos! Pero me emociona que desde lo que han sembrado saben que ustedes son ese apoyo que siempre está para ellos.

    Te admiro muchísimo! Gracias por compartir

    Flac_k

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  4. Que deja vu! Años sin leer un blog y comentar. Aunque esto creo q es más q un comentario. Casi que pongo la pava para matear a la distancia, a través de la lectura, casi sintiendo que puedo escucharte. Que fuerte la frase de Stranger Things. Fuerte y cierta. Incluso, llegado el momento de empezar a verlos partir, también necesito enojarme un poco, decirles "todo lo q voy a hacer cuando se vayan y tenga tiempo para mí". Porque de otro modo es muy difícil. Y confiar q supimos darles cuanto van a necesitar, aunque nunca sea suficiente porque este mundo es jodido. Y que sepan que vamos a estar. A pesar de esto y de todo lo que trajo la adolescencia a nuestra relación debo decirlo que encontré más cosas compartidas y disfrutadas juntos de las esperadas. Abrazos Pau y una alegría encontrarnos en este espacio mientras x acá arranca el día.

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  5. A veces siento que esta etapa hermosa y vertiginosa, es una especie de “examen”, por momentos ETERNO; de todo lo que fuimos “aprendiendo/desarrollando/generando”. Como vos decís, que sientan esa confianza plena para acudir a nosotres, y también tener la confianza ciega, de que los valores transmitidos durante tantos años, serán puestos en práctica, cuando se encuentren en el mundo exterior solos, resolviendo, actuando. Así como les transmitimos esa confianza, para que puedan acudir a nuestros brazos, dando sus primeros pasos solos, ahora se siente parecido. Qué difícil la parte, en que cuando niñes, una anticipaba los golpes o caídas y atajaba a lo Goico en el ‘90, y ahora tenes que quedarte en el molde, porque sabes que el golpe es necesario para ellos, aunque les duela. Es esta montaña rusa, de mantenerte al margen, dejando que desarrollen y apliquen las herramientas que les fuimos dando, pero estar hiper atento, porque capaz tenes que hacer una aparición estelar… A veces siento el agotamiento y la incertidumbre, a cuando eran bebitos, y una no sabía que quería, porqué lloraban, qué necesitaban… Yo soy del team “goma”, de recordar constantemente, que estoy cerca, que pueden acudir a mí, que eso no les hará perder la “batalla”, de la q habla Hopper. Soy de dar mucho espacio, y bancarme que adolescan, porque sé que es sano, pero sin nunca perder mi “coherencia”( si queda algo, a esta altura), y cual árbitro de fútbol, pegar fuerte el silbido y si es necesario sacar alguna tarjeta amarilla. La falta de control a veces asusta, pero muchas te permite abrirte una cerveza y disfrutar de una buena peli, agradeciendo que tengan esa libertad, que por decante nos llega…. Aguante vos, tu blog amado, y tus dos hijos hermosos!! Abrazotes fuertee fuertee! Sil (no sé xq no pude entrar con google, pero soy yo jajaj) ❤️

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  6. Julieta Almeida16/6/22 15:33

    Por acá estamos parecido. De golpe, a los casi 15 años (todavía no sé ni cómo llegamos hasta acá), mi hija se convirtió en una adolescente con todas las letras. Cambios de humor, muchos planes, horas de videollamada con amigas, nuevos gustos, mucho por estudiar en escuela muy exigente (pero que la hace feliz), padre viviendo en otro continente con todo lo que eso implica, viajes en breve, recitales, cambios de look y miles de etcéteras hacen un combo que estoy aprendiendo a manejar. Trato de acompañar sin invadir y sin invalidar sus sentimientos (que por momentos rayan con el dramatismo de telenovela). Hago de soporte logístico, festejo los nuevos planes, recibo en casa a sus amigas, preparo meriendas, imprimo apuntes, acompaño en las horas de estudio, compartimos estufa, series y chocolate. Por momentos extraño a mi hijita chiquita que me necesitaba para absolutamente todo, lo confieso, pero me emociona ver sus cambios. Espero estar a la altura de su genialidad.
    Abrazo enorme.

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