7.3.22

Despejar 3ra parte

Mi movida en serio por el orden empezó hace algunos meses.

Siempre fui relativamente ordenada (o por lo menos de saber dónde estaban las cosas dentro del caos que reinaba). Tenía 42 años y me encontré volviendo a trabajar, los hijos casi autónomos y el marido con homeworking gracias una pandemia mundial.

Todo el hogar era un desbarajuste importante. Desordenado y deslucido. Y este ser que me habita, que no podía con su alma, lo llevaba bastante mal.

La gente como yo no sabe pedir ayuda y no puede delegar (inserte aqui el meme ese de "*delegas *hacen todo como orto") entonces, además de mi trabajo afuera, me sume las tareas de seguir manteniendo la casa ordenada y limpia… imposibol! Mi salud física y mental me jugaron una mala pasada, me advirtieron con poca sutileza que eso sería algo no realizable.

Me puse a analizar mis posibilidades (dentro de lo factible, no le pidamos peras al olmo!) y opté por empezar a liberar espacios; si había que ordenar, que sea poco; si había que limpiar, que sea fácil. (Si, toda esta movida se está llevando puesta a mi familia, pero ese tema no lo voy a tocar porque no lo tengo muy claro todavía) :() Estamos en un período de prueba y si no funciona, todavía tenemos un plan B.

Las posibilidades, por suerte, venían acompañadas de un cierto privilegio: por 1ra vez disponía de plata (mi 1er sueldo en años!) para expandir un poco el deseo y hacerlo realidad (no es que antes no se pudiera ni a palos, pero prioridades son prioridades!)

Empecé por el escritorio. Es un lugar al cual casi nadie (nunca) entra (ahora deduzco que era por el desorden que había, porque últimamente... alto tráfico!) excepto yo, estaban todos mis materiales de manualidades, mis telas, mis lanas, mis libros de arte floral, las famosas washitapes, papeles de miles formatos y colores y así mucho más.

Tenía una estantería de madera y metal muy hermosa y cajas de madera o de zapatos forradas que contenían muchas cosas que hacía muchos años que no usaba. También había un mueblecito divino con muchos minicajoncitos, 2 carritos como los de bebidas y algunos canastos de mimbre. Junte coraje, me enyoguise y empecé por ahí.

Comparto con ustedes documentación fotográfica del caos que era mi escritorio:





Ahora sí: pequeño “manual” de despeje (o como deshacerse de algunas cosas y liberar espacio físico y mental!):

Separar las cosas en diferentes "destinos":

•             Que quiero realmente conservar

•             Que me sirve

•             Que no voy a usar ni en pedo

•             Que se puede reciclar

•             Que quiero vender

•             Que quiero regalar/donar

•             Que hay que tirar

A partir de ese momento empecé a buscar la manera de sacar la estantería y los carritos, que me producían un impacto visual (negativo) bastante importante ya que todo quedaba a la vista y meter algún mueble que pudiera contener lo que quería conservar (menos cantidad) y a la vez que me permita armar un espacio para sacar fotos, tener lugar donde poner los cuadros que me regala Lisa, pero sobretodo aflojar con la contaminación visual que ya me estaba haciendo mal.

Estuve 2 meses hasta que di con los muebles que podrían servir, los fui a comprar, los traje y arranque un viernes a sacar cosas. Saqué todo, armamos e instalamos los muebles y, con mucho tacto, atención y buen humor, logré llenarlos con cosas útiles, ordenadas, capaces de resolverme situaciones de ahora en más.

Con el resto de las cosas armé diferentes lotes: PARA VENDER, PARA DONAR, PARA TIRAR, PARA RECICLAR.

Gracias por haber llegado hasta acá, el lunes que viene, otra parte!

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2 comentarios :

  1. Que representada me senti Pau!! Me falta la parte de comenzar, pero toda la previa la siento tal cual!! Incluido lo de que "se llevo puesta a mi familia" :-(

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    1. Juli! Es todo un temazo!

      Espero que le encuentren la vuelta para despejar todo lo que sea necesario!

      Abrazo fuerte!

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